Abandonada por su novio cuando quedó embarazada, Alison decidió seguir adelante a pesar de las dudas y el temor de que el bebé heredara su deficiencia. Por suerte, París nació perfectamente sano, ella le dió el pecho un buen tiempo y continuó con su trabajo como pintora, como cualquier madre independiente. Aunque la vida se lo ha puesto difícil, es admirable como el instinto y la voluntad de esta mujer le permitieron criar a su hijo con total naturalidad.
Lo increíble era ver cómo, a pesar de la deformidad de Alison, Parys sonreía, jugaba y hacía su vida de lo más normal, como cualquier bebé. Para él, como para todos los bebés, su madre es su referente máximo de amor sin importarle si es pequeña, alta, guapa, fea o si le faltan los dos brazos.
La vida y la obra de Alison Lapper no deja a nadie indiferente, todo en ella emana fuerza y coraje.
Como artista, Lapper utiliza la fotografía , imagen digital y la pintura para, como ella dice, cuestionar la “normalidad” y la belleza física, utilizandose a sí misma como sujeto.
Pinta con la boca y pies. Una influencia principal en sus obras es la escultura de la Venus de Milo, debido a la similitud física entre la mujer idealizada en la estatua clásica y el propio cuerpo de Lapper. Es una reconocida artista que ha participado en muy diversas exposiciones británicas, incluyendo el Royal Festival Hall.
También es miembro y colabora con la Asociación Mundial de Artistas con la boca y con el pie (AMFPA). En mayo de 2003, fue galardonada con un MBE (Miembro de honor del Imperio Británico) por su trabajo artístico. En España le dieron el mismo año el “Premio de Mujer del Año”. Pero lo que impresiona y mueve nuestros cimientos es su tremenda capacidad de resiliencia en su vida, esa capacidad de, a pesar de las condiciones adversas, seguir adelante brillantemente.
Nacida en Staffordshire en 1965 con focomelia, una enfermedad que causa malformaciones en brazos y piernas, seguramente por la prescripción de talidomida a las mujeres embarazadas.
Alison nació sin brazos y fue confinada en una institución hasta los 19 años, abandonada por su madre y familia. Allí le adaptaron unas prótesis con las que intentaba a duras penas realizar sus actividades diarias. Con el tiempo descubrió que era más difícil adaptarse a las prótesis que vivir con su cuerpo tal cual era y prescindió de ellas.
Aprendió a conducir y a vivir de manera independiente. Se graduó en Bellas Artes con Matrícula de Honor por la Universidad de Brighton. La tarea de amor más titánica de Alison y donde nos demostró que su dimensión de ser humano está por encima de todos los escollos que pudiera encontrarse en su camino fue cuando trajo al mundo (1999) y crió a su hijo Parys como madre soltera.
A pesar de las dificultades decidió amamantarlo, se ayudaba de una bandolera pero siempre lo tuvo claro porque para ella era un momento muy importante de intimidad y contacto con su hijo, no solo por alimentarlo, tal y como lo ha manifestado en distintas entrevistas. Lo más complicado era darle el pecho fuera de casa porque necesitaba ayuda hasta que lograba colocárselo.
El ejemplo de Alison nos lleva a pensar que muchas de las barreras para la lactancia son limitaciones psicológicas que nos autoimponemos y realmente “quien quiere puede” por encima de las limitaciones físicas. Escribió el libro “Life in my hands” donde cuenta su vida desde la infancia y ha hecho varios programas para la BBC.
Pero su fama se multiplicó exponencialmente cuando el artista Marc Quinn plasmó su cuerpo de mujer gestante en una escultura de más de 3 metros en mármol blanco de Carrara que se colocó Trafalgar Square en septiembre del 2005 durante más de año y medio. Desnuda, imponente y llena de fuerza y de vida, sembró la controversia en la sociedad británica.
"Alison Lapper embarazada", escultura de Marc Quinn